miércoles, 25 de marzo de 2009

Los Museos Olvidados: ¿A quien culpar?

Me parece que mis compañeros ya hicieron bastante hincapié en definirnos qué es un museo y su utilidad, así que no me detendré en esa parte, ni tampoco en denotar que la Ciudad de México, por más bella que sea en su arquitectura (aunque en su mayoría está inspirada en arquitectura francesa o victoriana gracias a la obsesión con Europa de Porfirio Díaz) no es una ciudad convertida en museo.
En fin, estoy divagando, así que pasaré a lo que concierne a mi texto, y la pregunta que me formulo es ¿Por qué están olvidados los museos?. Para responderla retomaré una parte del escrito de Rulo, se nos ha aleccionado para tomar a los museos como lugares dignos de una expresión de somnolencia o de trabajos de rescate para sacar “Historia” o alguna otra materia de la secundaria. Aún así, nunca se les enseña a los alumnos a observar, criticar y expresar su pensamiento en cada museo o exposición a los que son enviados, a veces, a costa de su calificación
Los museos están diseñados, no para circular como zombies entre cada sala, sino para contemplar aquello que desconocemos y al mismo tiempo, provocar el pensamiento y la reflexión. Aunque yo tampoco estoy a favor de que se le de más importancia o presupuesto a ciertos museos o exposiciones, lo que reconozco es que es todo un suceso ver una fila de un tamaño significativo en un museo y no sólo en el Estadio Azteca, en un país donde se lee medio libro al año y generalmente es el Libro Vaquero.
Ahora bien, ya culpamos al gobierno y al sistema educativo, ¿Qué tal que nos seguimos con la paternidad y maternidad idiosincrática de mexicanos y mexicanas?, ¿Cuántos padres y madres hemos visto copiando con fervor los carteles dispuestos al inicio de cada sala, mientras sus vástagos bostezan viendo el reloj, esperando que se acabe el tormento de aprender y pensar?. Es así como se perpetúa el círculo, y aunque la exposición sea de verdad educativa o interesante, el público que asiste cumple una obligación y eso, mis queridos lectores y lectoras, es una falta de difusión de la cultura también.
Para responder a mi pregunta los museos no están olvidados porque no se les ponga dinero o por falta de difusión, sino por falta de interés del público, porque los seguimos viendo como objetos que ocupan espacio en la ciudad mientras que acumulan polvo en su interior, porque no se fomenta su uso como herramienta educativa o como objeto de recreación y esparcimiento, porque no se ve una exposición como la oportunidad de una puerta al mundo. Pero no se preocupe, querido lector y lectora, aún está a tiempo de cambiar eso, no es un daño irreversible, a continuación le presento algunos museos olvidados.
Hablando de experiencias personales, uno de mis museos olvidados favoritos siempre ha sido el de Historia Natural, entre el Museo del Niño, el de Telmex y la Feria de Chapultepec, confinado en ese pequeño espacio resaltan sus salas semiesféricas, que guardan una gran colección de animales disecados, entre ellos un enorme oso polar, y que posee un pequeño espacio dedicado a los dinosaurios y mis favoritos, los insectos, cuya curadora en verdad se ha esmerado en mantener en pie, convirtiéndola en una de las más importantes colecciones de América Latina. Junto a él y no menos importante se encuentra el Museo Tecnológico, recientemente remodelado con una gran colección de trenes, puesto que ya existen niños que jamás han visto un tren más que en películas, y alberga experimentos interesantes sobre física, otro más se encuentra en Coyoacán, el Museo de las Intervenciones, el cual solía ser un fuerte que protegía a la muy antigua ciudad de México y aún conserva sus cañones, otro es el Museo de la Casa Azul de Frida Kahlo; en el Centro, encontramos el Museo de la Luz que también aborda temas científicos, o el Museo del Antiguo Colegio de Medicina que tiene un ser humano perfectamente disecado y cortado en capas, utilizado como artículo de docencia entre los médicos de los primeros años de la UNAM; a diferencia de lo que piensa Diana, la cantidad de fósiles que tiene el Museo de Geología de la UNAM lo hace bastante impresionante, el Museo del Automóvil en la zona sur también cabe destacarlo, que, aunque pequeño salvaguarda una gran cantidad de automóviles interesantes, hablando de temas más banales, claro; es así como podría dedicar varias cuartillas a enlistar más museos y no terminaría.
El interés de este texto radica en infundir la duda en ustedes, lectores y lectoras, para que el día que tengan que preguntarse sobre un tema en específico, podría asegurarles que basta con buscarlo en google para que aparezca un museo que le llene las pupilas, aunque termine con los pies hinchados. Sólo es caminar en cualquier dirección desde su casa y encontrará un museo, tiene más probabilidades si vive en la zona centro, claro. Porque si bien estos museos han sido olvidados por el gobierno y la iniciativa privada, lo peor que podemos hacer es olvidarlos nosotros también, aunque estos no luzcan tan bonitos, refinados o interesantes a simple vista.

Los museos olvidados de la ciudad: Si, son muchos… ¿Y?


Nada más para dejar las cosas claras y mantener el ritmo, quiero compartir con ustedes la definición de museo como la establece el Consejo Internacional de Museos (ICOM): Un museo es una institución de carácter permanente y no lucrativo al servicio de la sociedad y su desarrollo, abierta al público que exhibe, conserva, investiga, comunica y adquiere, con fines de estudio, educación y disfrute, la evidencia material de la gente y su medio ambiente.

Con esto claro, me sumo a la protesta de Diana. Podemos hablar de arquitectura, podemos hablar de museos de sitio y podemos hablar de monumentos, pero no categoricemos cosas de forma errónea, la Ciudad de México no es un museo y su arquitectura no es única. También aprovecho este párrafo de rebate para mostrarme abiertamente en contra de la visión de Josué sobre la cultura y el mexicano. Si tomamos a la cultura como el conjunto de conocimientos que permite a una persona desarrollar su juicio crítico (DRAE), ¿de dónde sale la corrupción en cifras récord que constituye uno de los principales cánceres del país? ¿Dónde quedó el nivel cultural? y la piratería de libros no ayuda mucho, todo lo contrario. No porque se lea se tiene cultura, pero eso es harina de otro costal. Y no me tome a mal, que en México sí hay cultura y mucha, pero bajo otra acepción: cultura es el conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc. (ibid). Pero ¿qué le parece si dejamos de lado disertaciones que se salen del tema y le entramos a los museos?.

En la Ciudad de México y el área metropolitana contamos con una cantidad impresionante de museos que se vuelve menos impresionante cuando tomamos en cuenta la cantidad de personas que habitan dicha zona. Somos diez veces más que la población de la propia París y si echáramos cuentas, las cantidades per cápita pierden lo impresionante (un poquito nada más). Para vanagloriarse en ese sentido están países como Israel o Canadá, y si hablamos en términos locales, échenle un ojo a Zacatecas. Independientemente de esto, la zona metropolitana sí sostiene a una sobrepoblación de museos, lo cual responde a las necesidades culturales de una metrópoli monumental, y como toda sobrepoblación, ésta tiene sus problemas.

Mi lenguaje demográfico se ve justificado cuando observamos que uno de los principales problemas de los museos locales converge con el principal problema de la sociedad mexicana: la desigualdad. Los recursos (económicos y humanos) que se asignan a los museos por parte de las instituciones de las que dependen (ya sea la UNAM, el INAH, Conaculta, el GDF, etc.) no son equitativos y los museos estrella (que son esos de los que recordamos hasta la dirección) reciben tajadas descomunales de presupuesto que no siempre son bien aprovechadas. Este mal aprovechamiento de cantidades nimias, desde la perspectiva de los grandotes, lo resienten más los relegados, que sólo mediante milagros administrativos logran llevar a cabo una labor decente en cuanto a difusión, seguridad, calidad de la obra y presentación de exposiciones.

¿Entonces el varo diferencia a los museos olvidados de los mainstream? Sí, pero no siempre. Aunque se pueda contar con la mejor difusión y con una calidad de obras sobresaliente, a veces el proceso museográfico es deficiente o se carece de propuestas interesantes. Si la conceptualización de la obra, el proceso de curaduría y los servicios educativos asociados a las exposiciones no funcionan, la inversión se viene abajo con todo y sus Renoir y sus Kandinsky. Entonces, el lugar en el cual se ubican los museos dentro del presupuesto vigente de su institución mecenas es, en parte, responsabilidad del propio museo y de que se haga una buena labor museográfica que permita a los visitantes aprovechar al máximo la experiencia. El chiste, como en todo, es que todos hagan bien su trabajo.

Otro problema plantea una paradoja interesante. Se siguen construyendo más y más museos mientras se sigue acumulando obra de calidad en bodegas. No necesitamos más museos en la ciudad, lo que se necesita es que se preste atención a los museos menos agraciados y exportar obra contemporánea a galerías especializadas, despejando salas y permitiendo así desempolvar ese acervo artístico al que no le da la luz ni ven ojos humanos frecuentemente. Exhibición y conservación van de la mano.

Queridísimo lector, como siempre, no todo está perdido y el poder está en nuestras manos. Asistamos más a museos, seamos más críticos con respecto a las exposiciones que se nos ofrecen, opinemos y recomendemos los lugares que nos brinden una buena experiencia y también se vale quejarnos abiertamente de aquellos que no cumplan nuestras expectativas. No los dejemos sólo para el domingo y para tareas de secundaria.

Muchas de las ideas vertidas en el texto anterior son resultado de una conversación de café con Ángela Badillo, encargada de museografía en el Museo Nacional del Virreinato o Munavi para los cuates. Se agradece enormemente tu colaboración.

lunes, 23 de marzo de 2009

Los museos olvidados de la ciudad: ¿por qué parecen olvidados?

Museo: Lugar en que se guardan colecciones de objetos artísticos, científicos o de otro tipo, y en general de valor cultural, convenientemente colocados para que sean examinados/ Institución, sin fines de lucro, abierta al público cuya finalidad consiste en la adquisición, conservación, estudio y exposición de los objetos que mejor ilustran las actividades del hombre, o culturalmente importantes para el desarrollo de los conocimientos humanos/ Lugar donde se exhiben objetos o curiosidades que pueden atraer el interés del público, con fines turísticos/ Edificio o lugar destinado al estudio de las ciencias, letras humanas y artes liberales.


Bajo las definiciones anteriores, que brinda la Real Academia Española, quisiera rebatirle un poco a mi querido Fabio su aportación. Sin duda es valiosa y menciona obras arquitectónicas importantes; sin embargo, éstas no son ni museos en sí, ni colecciones que se alberguen en alguno. Claro que los museos pueden ser construcciones hermosas, patrimonio cultural de la humanidad pero no creo que quepan en esta discusión. Sin querer ser demasiado purista o demasiado jodona, tampoco me parece que la arquitectura de la Ciudad de México sea única, puesto que refleja bastante bien corrientes arquitectónicas de diferentes épocas y, por último, los monumentos de los que se habla, tampoco son joyas a las que nadie admira o se cuestiona, sino todo lo contrario.

Dejando atrás lo anterior, me gustaría comenzar preguntándome ¿por qué habiendo tantos museos siempre vamos a los mismos? En mi opinión existen muchos factores que se entrelazan enormemente; sin embargo, quisiera discutir estos factores por grado de impacto:

Me parece que el factor que más determina qué museos visitamos es la publicidad. Hemos estado expuestos a diferentes anuncios a lo largo de nuestra vida y aún somos capaces de repetir la dirección de algún museo cuya publicidad dejamos de ver hace veinte años. Lejos de esta razón un tanto subconsciente, también hay bombardeos actuales en torno a algunos museos. Pareciera que cada museo grande tiene su boom publicitario, el cual muchas veces proviene de una remodelación, repentina baja afluencia o razones desconocidas para nosotros. Así sabemos que existen el Museo Nacional de Antropología e Historia, el Museo de Arte Contemporáneo, el Museo Rufino Tamayo, el Museo Nacional de Arte (MUNAL), el Museo del Papalote, etc.

En segundo lugar me parece que se encuentra la calidad y alcance de las exposiciones temporales. Sin duda, son pocos los museos que tienen el prestigio y presupuesto para traer hasta nosotros obras valiosísimas, y cuando éstas llegan a nosotros la cobertura mediática es infinita, haciendo que tengamos interés en la exposición y de paso, visitemos el museo o lo tengamos en cuenta para una visita en el futuro ¿Acaso podemos haber ignorado el paso de exposiciones como Faraón, Isis y la Serpiente Emplumada, Remedios Varo, etc.? Bueno, esto nos lleva a otro importante factor que puede ser un tanto dual y me refiero al origen del presupuesto de cada museo y/o a su pertenencia (INAH, Conaculta, UNAM, Institutos de Cultura del D.F. o Estados, etc). Evidentemente los museos que pertenecen a estas instituciones no sólo tendrán mayor presupuesto sino mayor prestigio nacional e internacional; siendo capaces de invertir en publicidad, acaparar los medios, traer exposiciones majestuosas y remodelaciones, principalmente.

Esto último me lleva a mencionar otro importante factor, que es el diseño arquitectónico de los museos. Aunque no siempre es así, podemos asumir que cuando estos sitios tienen arquitectura impresionante reflejan obras hermosas y de gran calidad en su interior. Sitios de tipo colonial, contemporáneo y recientemente, minimalista, reciben gran cantidad de visitantes y hacen sentir que el recorrido por el museo sea per se una delicia. Para ejemplificar estas cuestiones tomemos en cuenta Palacio Nacional, emblemático edificio de la ciudad cuyo paseo por sus murales es muy agradable, el Museo Nacional de Arte, que es un edificio impresionante por dentro y por fuera, con una gran calidad en su interior y cuya escalera te transporta a tiempos pasados. También podemos referirnos a el Museo Universitario de Arte Contemporáneo, que desde que lo divisas muestra una gran magnificencia; cuando llegas al interior observas sitios amplios, soleados y agradables con salas interesantes y de gran calidad.

El último factor, y no por ello el menos importante, es la ubicación de los museos. Aquellos que se encuentren en zonas del Distrito Federal como el Centro, Paseo de la Reforma, Coyoacán y Roma-Condesa pueden tener mucha más posibilidad de recibir gran cantidad de visitantes, tanto por ser zonas de recreación cotidianas como por ser nidos de grandes museos. También, cuando uno se encuentra con un poco de tiempo y se encuentra un pequeño museo dentro del Metro, puede darse un pequeño lujo y analizarlo (Museo Interactivo del Medio Ambiente- Metro Pantitlán).

Bueno, ¿y los museos olvidados? Se encuentran tan olvidados que no hemos hecho más que desviarnos del tema, es evidente que no conocemos mucho de ellos y debemos ir a más. En general, estos museos olvidados son pequeñas colecciones de temas muy específicos y, por lo tanto, para visitarlos no se necesitan tantas horas como para ir a un gran museo. Creo que es recomendable conocer nuevos museos en los cuales podamos asombrarnos, podamos pasar experiencias extrañas (como en el Museo Histórico Judío y del Holocausto Tuvie Maizel, donde te registras y te sientas en una banca hasta que llega una señorita que te acompaña hasta el primer piso, donde se encuentra el museo) o podamos salir un tanto decepcionados; sin embargo, cualquiera de estas experiencias vale la pena, ya que incluso la peor de ellas nos puede enriquecer, volviéndonos críticos y llevándonos a la introspección. 

Es importante que estas muestras de cultura sean apoyadas y recomendemos aquellos que nos hayan gustado, de nada servirá quejarnos amargamente de las condiciones de un museo si nadie lo visita, ya que no tendrá presupuesto o, si pertenece a alguna institución y posee baja afluencia, no valdrá la pena mejorarlo. Respecto a esto pienso en el Museo de Geología de la UNAM, ubicado en Santa María la Ribera, que posee una gran colección de rocas y donde nos recibe un pequeño meteorito. De éste sales prácticamente igual a como entraste.

Mi conclusión es que debemos tomar responsabilidad de la ciudad en la que vivimos, conocerla un poco más y difundir lo que muestre calidad con el fin de que esta hermosa realidad, respecto a la gran cantidad de museos que albergamos, no se pierda, sino que se transforme en una hermosa tradición.  



domingo, 22 de marzo de 2009

Los museos olvidados de la ciudad: Los museos no tan ocultos y no tan vistos.

Me parece que en cuestión de museos olvidados, estamos viéndonos cortos por la gama que podemos abarcar. Tan sólo esta ciudad cuenta con tantos museos que se sitúa en el segundo lugar en cantidad de los mismos, superándonos únicamente la ciudad de París. Pero, seamos realistas. Yo aquí mencionaré un verdadero museo que ha sido olvidado, salvo algunas partes muy bien ubicadas. Me refiero, por supuesto, a la Ciudad de México. La arquitectura de la Ciudad de México es única en el mundo, y ha dado lugar a una gama de posibilidades que en el extranjero se ven extraordinarias y aquí pasan desapercibidas ante nuestros ojos. Para empezar, una de las maravillas mejor construidas y a la cual se le empezó a hacer caso hasta 2007 con la entrada a la UNESCO como patrimonio de la humanidad: Ciudad Universitaria.
Ciudad Universitaria fue creada a partir de arquitectura puramente nacional. Fue diseñada en principio por los arquitectos Teodoro González de León, Enrique Molinar y Armando Franco. Posteriormente, los arquitectos Mario Paní (Ciudad Satélite y Conservatorio Nacional de Música) y Enrique del Moral (Mercado de la Merced) se encargaron de la realización del proyecto. Con la colaboración de Carlos Lazo (original SCOP) realizaron una obra totalmente vanguardista, en la cual los estudiantes se comunican entre sí por un gran jardín interno; donde se encuentran murales realizados por Siqueiros (Polyforum); custodiados por la magnífica biblioteca central en la cual Carlos Lazo hizo notar su característica arquitectura tan colorida. ¿Cuántas veces no han pasado por ahí sin apreciar su belleza?
También están las torres de satélite (Mathías Goeritz y Luis Barragán), que en un principio fueron una idea maravillosa, ya que se captaba la esencia de un arte que se fundía con el ambiente, creando una sincronía que con el paso del tiempo se ha ido perdiendo dentro de la inmensidad de la ciudad.
También tenemos el maravilloso Polyforum, que fue pintado totalmente por Siqueiros (que curiosamente tenía un pique terrible con Leon Trotsky, que curiosamente también tiene un museo en esta ciudad).
Y las ideas siguen: la arquitectura de los multifamiliares de Tlatelolco, la realización de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, etc.
El desarrollo del arte en México y sus museos no pueden abordarse sin hablar de arquitectura, y sin hablar de que nos olvidamos de lo evidente. Si no logramos apreciar la belleza de lo obvio, será difícil encontrar lo hermoso de lo escondido.
Díganme ¿Quién de ustedes se ha parado a observar la Torre de Rectoría y la Biblioteca Central? ¿Quién se ha preguntado en qué estaban pensando mientras realizaban las torres de Satélite? ¿Cuándo se han dado un tiempo para detener su rutina diaria y darse una vuelta para ver las obras arquitectónicas que se han convertido en patrimonio cultural de la humanidad?
Les puedo asegurar que en medio del tráfico, el bullicio y los largos trayectos que realizan en esta ciudad, pueden darse un momento para contemplar la fabulosa arquitectura mexicana. Olvidada y tan obvia que podría ser una caricatura ante nuestros ojos.
¿Para qué ir a París, si ni siquiera terminamos de conocer lo nuestro?
Algunos sitios de interés arquitectónico:
Ciudad Universitaria: Coyoacán, México. Ubicada a los lados de Av. Insurgentes Sur. Se puede llegar desde el sur/norte por el periférico y desde el centro por Av. Universidad.
Edificio de la SCOP: ubicado en Xola y Eje Central en colonia Narvarte.
Polyforum: a un lado del Hotel de México, en Insurgentes.
Torres de Satélite: ubicadas sobre Periférico Norte en Ciudad Satélite.
También pueden buscar información acerca de los arquitectos aquí mencionados y ver algunas otras obras que ellos han realizado.

Los museos olvidados de la ciudad.

Doy gracias porque vivo en un país lleno de gente con cultura; por lo cual, puedo disfrutar del la cornucopia de lugares y eventos en los cuales puedo recrearme y cultivarme. Sé que suena sin sentido y algo rebuscado, pero ¿quién considera a México un país con cultura? Y aunque suene irónico, somos un país con una industria de piratería de libros (lo cual, quiero suponer, indica que es un negocio redituable), con una de las mejores universidades de Latinoamérica y de muchos otros países, y contamos con la segunda ciudad con más museos en el mundo (sólo superado por la ciudad cosmopolita de París).

Soy consciente que la cantidad no es garantía de calidad. Podemos encontrar exposiciones sobredifundidas pero con una muy dudosa calidad (pongamos de ejemplo las exposiciones del Soumaya) y sobreabarrotadas (como las exposiciones temporales en el Museo Nacional de Antropología e Historia). Pero, ¿qué hay de aquellos otros museos que no son del grupo a los cuales los maestros de secundaria y primaria nos mandaron o que no son de los que vemos anunciados en transportes públicos?

La variedad me asombra. Museos de caricaturas donde los moneros tienen un espacio para realizar su arte sin los límites (políticos y personales) que revistas, periódicos y demás medios les imponen, museos de arte contemporáneo, donde pintoras del calibre de Remedios Varo nos deleitan con sus obras, museos donde el tiempo no pasa, donde se nos muestra la forma de vida de tiempos casi olvidados, con sus costumbres y sus creencias, museos donde la tecnología es utilizada para enseñarnos cómo el mundo se mueve y que nos asombran con los límites a los cuales el hombre ha llegado, museos que nos muestran los horrores de la ciudad en la que vivimos sin pedirle nada a las historias ficticias de la pantalla grande.

Pero, como en todo, se requiere de un conocimiento previo para disfrutar de la calidad de las exposiciones. No hay que dejar que nos vendan gato por liebre. El ver que la gente se aglutina por anuncios que hablan de maravillas llenas de colores ha llevado a la degeneración, y hoy podemos ver exposiciones con obras sin calidad y sin contenido. Hay que ser críticos y alejarnos de las luces cegadoras y las palabras vacías.

Tomen un día y vayan a esos museos a los que sólo fueron cuando un profesor los mandó, pero ahora vayan con las ganas de conocer algo nuevo, de ver algo diferente; no porque alguien los obligue a ello, sino por el gusto propio de hacerlo; la ubicación de éstos es muy fácil de encontrar, en internet hay una amplia lista de museos y en el Centro pueden preguntar en los puestos de información a turistas, donde con mucho gusto, les proporcionan la información y mapas de la ubicación de éstos.

No tenemos un museo más grande que las mismas calles de la ciudad, donde encontramos la historia de cientos de años de vida; arquitectura de tres épocas muy marcadas. Aquí podemos apreciar desde pirámides de piedra que parecen eternas, siendo siempre cuidadas por dioses antiguos; la arquitectura del colonialismo que quiso desaparecer una cultura entera, con edificios cuidados por un Dios que todo lo ve, hasta la arquitectura de una cultura que ha absorbido costumbres de tantas culturas que es difícil definir un origen común. Encontramos calles con leyendas vivas en su pavimento y en sus aceras; que se cuentan y se mezclan en el tiempo como aquel juego de la niñez; paredes pintadas de historia, leyendas, cuentos y realidades; un desfile sinfín de moda, gastronomía, danza y demás artes.

Simplemente hay que detenerse un instante y observar. Porque mirar no basta para encontrar.



Museo de las Intervenciones.

sábado, 21 de febrero de 2009

El último suspiro del Cine Mexicano: Los zapatos nuevos del cine mexicano

Antes de adentrarme en el tema en cuestión me gustaría hacer una reflexión sobre aquella distinción entre el cine mexicano y el cine realizado por personas nacidas en México que han emigrado en busca de un mejor futuro. Esto refleja la innegable realidad en las que algunas personas talentosas tienen que huir a algún país en el que se aprecie su trabajo y especialmente, donde se les apoye económicamente para desarrollar sus proyectos, ¡y esto no sólo es en el cine ni en el arte, ojo!. Ante esta situación sólo queda pensar que el futuro de un cineasta en México es difícil, creo que principalmente hay dos caminos: o te chingas o te jodes, y con “te chingas” me refiero a que el sistema te permite tener libertad, tanto de pensamiento como de creación pero a lo mejor no podrás ni alimentarte a ti mismo, y tus obras de arte (si es que son tal) serán observadas por un pequeño y selecto grupo de personas; aún así te va a costar un huevo llegar apenas a ello, si bien te va ganarás algún premio por haber hecho un cortometraje. Con “te jodes” el panorama es muy diferente, dependiendo de tus expectativas en la vida y tu significado de “éxito” tienes siempre opción a prostituirte, a dejar tus anhelos y mermar tu creatividad para hacer lo que se vende, lo que se necesita, lo que la gente quiere ver, de esta forma tendrás apoyo económico. Como apunta Josué hay buenas producciones mexicanas, sin embargo, la mayoría llega a un grupo muy pequeño de personas que buscan un poco más allá, no llegan al ciudadano común, desgraciadamente.

Pero no todo es tan negro, y si lo fuera, debemos aceptar que además de negro hay blanco y diferentes matices de gris; el cine mexicano tuvo su época de oro, eso es innegable y deberíamos ser un poco menos puristas en un mundo tan globalizado, ya que las producciones como bien apunta Huitzi fueron financiadas por extranjeros y no por otra cosa sino para controlar a su país vecino ante la amenaza de su poderío por los bolcheviques. Ahora, no me parece que el cine mexicano haya estado muerto por veinte años: si nadie recuerda qué producciones comerciales hubo entre las típicas películas mexicanas setenteras de zorras junto a gallardos caballeros en Acapulco y “Sexo, pudor y lágrimas” déjenme recordarles las inmundas joyas nacionales que ya nadie tiene en la mente como: “Zapatos viejos” y “Pelo suelto”, cuya protagonista era Gloria Trevi, “Verano Peligroso” protagonizada por Alejandra Guzmán, “Cambiando el destino” protagonizada por cinco caballeros de un grupo juvenil que sólo brincaban y dizque cantaban (Magneto), “Cándido de día, Pérez de noche”, “La risa en vacaciones” de la uno a la cinco mil, como bien apunta Rulo y hasta una del grupo Garibaldi… Bueno, sinceramente prefiero el pretencioso y vacío cine mexicano de hoy que esas cosas para las cuales no puedo encontrar más que adjetivos altisonantes repetitivos. 

Evidentemente, en comparación con lo anterior, podemos decir que el cine mexicano de hoy es un cine culto que se encuentra en la misma crisis del arte hoy en día: sigue una tendencia esnob marcadísima donde todos son adultos jóvenes o adolescentes tratando de vivir la vida lo mejor posible con crisis existenciales, sexuales, farmacológicas o financieras y esporádicamente con problemas morales. Estos seres viven en grandes departamentos en Santa Fé  o Polanco y si no, en las alcantarillas, y como una u otra película nos ha demostrado, de pronto sus vidas se entrelazan en las amargas olas de la vida. Este estilo se considera muy  “realista” y por eso muchas personas se identifican, pero esas personas sólo pueden pertenecer a niveles socioeconómicos bastante altos. Esto, amigos, no es más que un reflejo del arte en México con su respectiva invasión de clichés, rebeldía fresa, objetos kitsch, palabras altisonantes, colores brillantes y sonrisas de vino tinto.

¡Pobres de nosotros!, todos apadrinados por la élite del arte esnob con sede en la Condesa, en esta querida Ciudad de México; ¡pobres de nosotros! cuando al mirar la pantalla grande tratamos de identificarnos pero encontramos que estas películas no son una identidad mexicana, ¡al rayo con las identidades!, justamente la búsqueda derivada en exageración de eso es lo que nos tiene donde estamos, ¿y por qué buscar el realismo? Yo no sé qué pretendía mi querido Enmascarado de Plata con sus películas que hoy son cine de culto en algunos sitios de Europa, ¿pretendería realismo? ¿pretendería surrealismo? No lo sé, pero están buenas y creo que ése es el meollo del asunto, no pretender sino hacer, en vez de estar pensando en qué es lo que la gente quiere, qué va a vender, qué cabe en las tendencias, lo importante es expresarse y no estar buscando complacer.

Como conclusión creo que ni somos muy muy ni tan tan; sin duda el camino de nuestro cine ha mejorado aunque no le llegue aún a lo que alguna vez fue pero es mejor eso que nada; la esperanza tendrá que dormitar esperando el momento en el que en este país se llegue a confiar en su propia gente, si no, por lo menos a que algunos riquillos pretendan deducir impuestos apoyando a IMCINE, sintiendo que logran su sueño, ése al que tal vez renunciaron por poder y dinero. No importa de dónde venga el apoyo sino que llegue, para que la gente talentosa pueda mostrar al mundo imágenes bellas e historias interesantes, y sobre todo, que cualquier mexicano pueda ser el crítico espectador.