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domingo, 25 de enero de 2009

El dominio de lo innecesario: El hombre es esclavo de si mismo.


Ciertamente vivimos en una sociedad capitalista, llena de consumismo y no podemos evitarlo. Pero no por eso disfrutaremos de las partes privadas de alguien (Según dicen que eso son la política y las necesidades creadas) se debe de enfrentar el problema; no se debe de dejar explotar en la cara si se tienen las herramientas para evitarlo (Podemos evitar los mundos imaginados por George Orwell en su libro 1984 o por la película Metrópolis).

Tampoco sirve de nada estar insistiendo en un tema si nunca se llega a un plan de acción o una solución definitiva, porque sería un absurdo divagar en el tema y sería una cobardía no proponer una solución.

Hemos dicho suficiente al respecto y con pocas soluciones, la gente es feliz o no lo es, no porque una tenga un iPhone será más feliz que una que no; la felicidad no es una ilusión, es una realidad (¿O acaso una persona que se engaña a si misma no forja su propia felicidad?).

Primero hay que hacernos consientes de nuestro ser, de nuestra situación y de nuestro alcance, debemos saber porque y para que hacemos las cosas (No podemos decir que las cosas son evidentes porque no para todos lo serán), lo cual ya requiere un gran ejercicio de meditación y autoconocimiento, sin esto no sabremos distinguir de “The Matrix” (O una realidad simulada) o de la realidad, pero tengan cuidado de no caer en una Realidad que sea sólo otra simulación.

Una vez logrado esa gran paso ya podemos darnos cuenta que una tomar Coca Cola no es un logro personal per se, sino que es la retribución, es la recompensa a un esfuerzo. Y ver aún más allá, una Coca Cola sería un placer momentáneo, esporádico, hay cosas que nos pueden dar un mayor placer (Por ejemplo tener amistades duraderas y fructuosas, poder tocar un instrumento, tener conocimiento de algún tema, jugar, correr, detenerse un momento ver el cielo y a los alrededores, inhalar y decir que no nos hace falta nada, y si algo hace falta tenemos la capacidad de alcanzarlo).

Ahora sí, ya dando ese paso estamos preparados para empezar a liberarnos de los círculos viciosos del consumismo, las empresas no nos dirán que nos hacen felices sino lo que pueden ofrecer de lo que nosotros queremos para ser felices y estar completos (Porque un iPhone o un BMW no deben de ser objetos de estatus sino objetos que nos den confort, satisfacción, bienestar, etc.). También podremos darnos cuentas de las ilusiones que nos crean y saber enfrentarlas.

Dejo el último párrafo para recalcar que la transición no es de un día para otro, el sistema está enraizado y no será fácil, la comodidad de lo conocido es uno de los principales problemas a enfrentar, eso y la gustosa ignorancia de la gente (Que no se dice popularmente “El que nada sabe nada teme”), su gran gusto por ser dirigidos y no pensar (Caray, los hombres grises sí existen –Del libro Momo- nada más que no sólo ahorran el tiempo de uno, sino también sus esfuerzos).




René François-Guislain Magritte
La llave de los campos, 1933
La clef des champs

"La realidad tras la ventana es la misma pero se ve más claro."


miércoles, 21 de enero de 2009

El dominio de lo innecesario: Sobre las necesidades ilusorias y nuestro papel de marionetas en una sociedad dedicada al consumo

¿Sabes que es lo que realmente se necesitas para ser feliz y llevar una vida plena? Si no lo tienes muy claro, no te preocupes. Hay muchísima gente esforzándose día con día para darte la respuesta y clavártela en el subconsciente como dardo envenenado. A diario somos bombardeados por estímulos que dictan nuestras necesidades y nos venden realización personal, felicidad y seguridad en forma de prácticamente cualquier pendejada. Aceptémoslo, la banalidad se ha adueñado de nosotros vestida de necesidad.

Las necesidades ilusorias se arraigan fácilmente en la sociedad debido a la eficacia de la maquinaria publicitaria encargada de difundir los sueños corporativos. Esta maquinaria es cada vez más efectiva en promover valores agregados inexistentes que generan ejércitos de consumidores de felicidad en lata, éxito sobre ruedas o bienestar a granel. Estos consumidores se vuelven a su vez, vectores que refuerzan la idea original y extienden la idea de necesidad.

El estatus como valor agregado es un éxito de nuestros días, y es que éste se encuentra inherentemente relacionado al dinero, el cual a su vez se relaciona con el poder y éste con la felicidad. Esto, además de demostrar nuestra falta imaginación con respecto a nuestras aspiraciones, ha provocado una epidemia de símbolos de estatus, que no son más que necesidades adquiridas (ningún niño hace berrinche porque lo lleven al parque en un vocho y no en un BMW ¿o sí?). Estas necesidades se mantienen bajo el precepto de que eres lo que compras.

El problema de los símbolos de estatus es que asechan detrás de cualquier esquina. Pueden tomar cualquier forma, disfrazándose incluso de artículos de primera necesidad. Son el coche que manejas, los pantalones que usas, el teléfono por el que hablas y la computadora que tienes en frente. Pero no me tomes a mal, el hecho de que tengas estos artículos no te vuelve un zombi a merced de la voluntad de mega corporaciones, siempre que tomes las cosas como lo que son y no como una solución a tus problemas existenciales; sin embargo, queda claro que si la amalgama sociedad-publicidad ha cumplido con su labor, serás incapaz de darte cuenta de por qué necesitas las cosas. Triste pero cierto.

Vivimos en una sociedad que idolatra el consumo, que eleva las cosas más allá de su valor y se refugia en los bienes para sobrellevar la falta de verdaderos estímulos. Las metas con signos de pesos y el libre mercado se llevan de maravilla y no hay signos de que esa amistad se deteriore pronto.




Brandon Saunders, uno de los primeros poseedores de un iPhone.